"Si en el cielo hubiera un departamento de quejas, seguramente estaría lleno de mexicanos dando lata. Por razones que escapan a mi comprensión pero que algunos sociólogos chaquetones atribuyen al encuentro bíblico entre Cortés y doña Marina, somos una raza llena de remilgos y pataletas, incapaz de asumir la parte que nos toca en ningún pastel. ¿Ejemplos? Va media docena.
Existen acciones elementales que no provocan quejas. Nadie, a menos que sea un idiota, se presentará en las oficinas de la lotería nacional para reclamar que su número no salió premiado. Sin embargo ¿qué pasa si el sujeto es intelectual (conozco pocas cosas tan babosas como autodefinirse "intelectual") y metió sus papeles a un premio literario o a una becoteca? Pues que cuando no aparece su nombre, arma un escandalazo y se queja de mafias y compadrazgos literarios. Que si fulanito "es bien güey y a él si le dieron la beca". Que si sutanito "no la merece porque es cuñado de menganito y yo en cambio tengo obra poética de primer nivel", etcétera. Bien, en este caso el quejoso tiene el agravante de saber a priori que este país efectivamente está lleno de mafias, grupitos y grupotes y aún asi participa, lo que refleja cierto reblandecimiento cerebral. En esos casos, lo mejor es callarse la boca.
Un segundo caso ejemplar es el de la policía. Supongo que los policias honrados estarán en estos momentos escondidos en el más allá o debajo de las alcantarillas. En mis veinte años de conductor, no me he encontrado uno que no pregunte cómo le vamos a hacer. La ciudadanía los hace responsables de todas las calamidades posibles y de las que no son posibles (podíamos pensar en culpar a la policía por la explosión del Popo o el crack bursátil en Hong Kong) pero, ¿qué hace el gordo de barbita que se pasó el alto o la vieja fodonga que no saca su licencia? Pues arreglarse para luego llegar a su casa a contar lo terrible que es la corrupción.
Una tercera derivación de las quejas tiene que ver con su sentido de oportunidad. Nuestro sistema político es el ejemplo ad hoc. Pensemos en Salinas de Gortari, un señor que se quedó calvo y llegó a ser presidente. En su momento fue infalible, patriota, visionario, nacionalista, guía luminoso, etcétera. Los adjetivos anteriores evidentemente no los puse yo, sino toda la cargada. ¿Alguien (dentro del presupuesto of course) en su momento pidió audiencia y dijo: "Señor presidente fijese que su hermano es bien ratero y su cuñado está haciendo tropelías y usted nos está llevando al desastre" Nones. Sin embargo no más salio y el tropel se le vino encima. En este caso los quejosos no tienen uno sino dos agravantes: el primero por lambiscones y el segundo por oportunistas.
Otro tipo de quejas tiene que ver con entidades absolutamente abstractas y metafísicas entre las que destacan: el destino, la fatalidad, la perra suerte o el así lo quiso Dios. En estos casos, el remedio se encuentra a cuarenta metros, concretamente en la tienda de la esquina, en la forma de unos vasitos llenos de cera que se llaman veladoras. Uno las compra y ruega por cosas tan nobles como la paz del mundo o tan mundanas como que el marido deje de ser un pedote. Esta estrategia de queja musitada tiene también un espacio de expresión con el cura, quien invariablemente lo acaba regañando a uno (en el mejor de los casos, ya que en el peor puede sacar baba verde y meterle mano al usuario de los servicios religiosos).
Bien, el gobierno se queja de la incomprensión ciudadana, los artistas alternativos de la falta de espacios para encuerarse o gritar "uca uca", los burócratas de sus jefes, los microbuseros de que el precio de la gasolina no tiene madre, los usuarios de los microbuses dicen lo mismo no más que de la madre de los microbuseros, la gente culta de lo bruta que es la gente bruta y de que el grupo Bronco se haya retirado... Lo dicho es un país de quejas"
tino
ResponderEliminarque acertado artpiculo, yo sólo quisiera quejarme de que tu blog sea negro con letras blancas, como que no me deja leer bien... jajajaja es choro, pero si todos somos unos quejumbrosos, pero quien propone? ahi va mi queja jajajaja
en fin, saludos tino
Diana no fans ni servicio social
es negro con letras grises
ResponderEliminarTODO MUNDO NOS QUEJAMOS DE ALGO, PERO POCOS HACEMOS ALGO PARA CAMBIARLO; EJEMPLO... PINCHE TENENCIA QUE LA QUITEN. ESE POBRE PENDEJETE NO SABE QUE TENER UN CARRO ES UN LUJO Y QUE CONTAMINA UN PUTAL EL YA JODIDO MEDIO AMBIENTE. AHI ESTA EL METRO Y LAS COMBIS PERO AL SEÑORITO NO LE GUSTA USARLOS PORQUE "PARA ESO ESTUDIA Y TRABAJA", ADEMAS DE QUE NO LO BAJARIAN DE PINCHE JODIDO, SUMADO A ESTO LAS FINANZAS ESTATALES SE VERIAN MUY AFECTADAS Y SOLO 20% DE LAS PERSONAS TIENEN CARRO PROPIO.
ResponderEliminarEL IMAGINARIO SOCIAL ESTA DE LA CHINGADA EN RESUMIDAS CUENTAS ES MERA EGOLATRIA E INDIVIDUALISMO Y HAY POCA CAPACIDAD DE PENSAR COLECTIVAMENTE.
YO TAMBIEN QUIERO TENER UN CHINGO DE VARO Y TRAER VARIAS VIEJAS BIEN BUENOTAS ATRAS DE MI CHEYENNE DEL AÑO; SIN EMBARGO SI NO TRABAJO ARDUAMENTE SE QUE ESA IMAGEN NUNCA SE HARA REALIDAD. LA GENTE SOLO PIDE Y PIDE Y PIDE PERO NO LUCHA POR LOGRAR NADA TRASCENDENTE.
RIFADO POST CARNAL.
Que onda Tino pues sí la verdad es muy triste, y más saber que así es la imagen del mexicano, que siempre se queja y se queja y no hace o no hacemos nada para cambiarlo, sin embargo esperamos que las cosas nos caigan del cielo. Y falto también aquella de el creer que ya nos fregamos al otro porque le regateamos y cedió, esa nunca falla. Ahora sí que el cambio está en cada uno de nosotros y pues también por ahí dicen que cada quien tiene los gobernantes que se merecen, ¿¿¿tendrá alguna relación??? Yo creo que sí no solo porque nosotros los elegimos sino porque nosotros hemos permitido que los gobernantes sean así con nosotros. Así que a luchar para que este país salga del agujero negro que está.
ResponderEliminarconcuerdo con tona! siempre nos quejamos de todo y nunca hacemos nada para cambiarlo!...
ResponderEliminarCreo que lo que escribió es muy cierto pero además refleja no sólo una realidad mexicana, sino también latinoamericana. lamentablemente o favorablemente, todos somos parte de aquella cultura.
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